domingo, 10 de marzo de 2013

por qué el destino entrelaza historias 2: "el niño con el corazón de escamas"

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En una enorme casa a las afueras de un pequeño pueblo, vivía rodeado de riquezas un niño de pelo negro y ojos azabache, tenía un hermano rubio y algo remilgado. El niño de pelo negro creció amando el correr por el bosque, amaba como su pequeño kneazle corría libre por el bosque cercano a casa tras curarle la pata. Pese a que amaba estar entre criaturas mágicas, tenia muy alta educación y sabia bastante en lo referente a modales, fue educado de una manera recta y estricta, pero al fin y al cabo, feliz. Su primer año en la escuela de magia no es demasiado conocido, hizo amigos, pero era bastante desagradable con los que no gozaban de su posición. También era diestro y fuerte en lo relevante a los deportes e inteligente en el resto de ámbitos, pero le seguía fallando esa pequeña llama que le hacia ser humano completamente, que le hacia ser el mismo. Al año siguiente, pintaba la cosa ser igual. Tenía a sus amigos del año pasado, pero seguía siendo el mismo que, de una manera casi inconsciente, les alejaba ya no lograba entender por qué no comprendían su comunicación con las criaturas. Para ellos eran solo criaturas que tenían que estudiar porque no les quedaba otra, para él, eran como sus hermanos. Un día caminando por los pasillos se le acercó una chica de ojos felinos y le preguntó por los usos de la sangre de unicornio. Cuando se quiso dar cuenta, estaba llevando a la chica prácticamente en volandas al despacho del director porque le había ayudado a resolver uno de los misterios que le atormentaban en ese momento. A esa chica de ojos felinos, le confeso su primer gran secreto, un pequeño dragón que estaba cuidando a espaldas del mundo. Y ella sonrió. Consiguió ver el corazón de Marcus en aquel momento. Vio un corazón enorme y valeroso, recubierto por unas escamas rígidas y validas, como las del pequeño dragón que sujetaba en las manos. Y Megan supo que Marcus era grande. Pensó en ese momento que le confiaría su vida las veces que hiciese falta, porque, quien no pudiese ver esa grandeza jamás sabría lo que es la protección de un dragón de acero. Con el tiempo, Marcus fue cambiando, Megan se hizo más cercana, a ella le gustaba pensar que era como una hermana, así veía ella a Marcus, como su hermano mayor. Como su mejor amigo. Como la persona en la que confiaría a ciegas. Un día Marcus marchó a un largo viaje, donde estuvo apunto de perder la vida, y aun así, había tenido un pequeño momento para escribir una lechuza a Megan y a sus amigos para decirles lo que sentía. Megan rezó en su cama, rezó para volver a tener noticias de él. De su hermano. Y cuando las tuvo, su corazón salto de alegría, ya que le contó la muestra de amor más grande que jamás habría imaginado, ya no estaba solo. Aquella pequeña dragona que hizo que se conociesen, que hizo que Megan realmente viese a Marcus, había cambiado por amor, ya fuese amor de hermana, de dragón o de mujer, lo hizo para estar con Marcus, y Megan supo, que en ese momento, las duras escamas que recubrían el corazón de Marcus, ya no eran de acero, eran de puro dragón, de puro calor, puro fuego. Se habían reblandecido, pero al mismo tiempo, se habían hecho más difíciles de atravesar para los que querían herirle. Y cuando Megan volvió a ver a Marcus, le vio como siempre le había visto. Humano y dragón al mismo tiempo. Le vio como su hermano.

3 comentarios:

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JTD dijo...

Precioso!!

Unknown dijo...

Qué bellas sería la vida si los dragones hablasen. El corazón no tendría que romperse en mil pedazos.

JTD dijo...

Años después, nuevamente precioso, gracias Megan.

Marcus.

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