En una enorme casa a las afueras de un
pequeño pueblo, vivía rodeado de riquezas un niño de pelo negro y
ojos azabache, tenía un hermano rubio y algo remilgado. El niño de
pelo negro creció amando el correr por el bosque, amaba como su
pequeño kneazle corría libre por el bosque cercano a casa tras
curarle la pata. Pese a que amaba estar entre criaturas mágicas,
tenia muy alta educación y sabia bastante en lo referente a modales,
fue educado de una manera recta y estricta, pero al fin y al cabo,
feliz. Su primer año en la escuela de magia no es demasiado
conocido, hizo amigos, pero era bastante desagradable con los que no
gozaban de su posición. También era diestro y fuerte en lo
relevante a los deportes e inteligente en el resto de ámbitos, pero
le seguía fallando esa pequeña llama que le hacia ser humano
completamente, que le hacia ser el mismo. Al año siguiente, pintaba
la cosa ser igual. Tenía a sus amigos del año pasado, pero seguía
siendo el mismo que, de una manera casi inconsciente, les alejaba ya
no lograba entender por qué no comprendían su comunicación con las
criaturas. Para ellos eran solo criaturas que tenían que estudiar
porque no les quedaba otra, para él, eran como sus hermanos. Un día
caminando por los pasillos se le acercó una chica de ojos felinos y
le preguntó por los usos de la sangre de unicornio. Cuando se quiso
dar cuenta, estaba llevando a la chica prácticamente en volandas al
despacho del director porque le había ayudado a resolver uno de los
misterios que le atormentaban en ese momento. A esa chica de ojos
felinos, le confeso su primer gran secreto, un pequeño dragón que
estaba cuidando a espaldas del mundo. Y ella sonrió. Consiguió ver
el corazón de Marcus en aquel momento. Vio un corazón enorme y
valeroso, recubierto por unas escamas rígidas y validas, como las
del pequeño dragón que sujetaba en las manos. Y Megan supo que
Marcus era grande. Pensó en ese momento que le confiaría su vida
las veces que hiciese falta, porque, quien no pudiese ver esa
grandeza jamás sabría lo que es la protección de un dragón de
acero. Con el tiempo, Marcus fue cambiando, Megan se hizo más
cercana, a ella le gustaba pensar que era como una hermana, así veía
ella a Marcus, como su hermano mayor. Como su mejor amigo. Como la
persona en la que confiaría a ciegas. Un día Marcus marchó a un
largo viaje, donde estuvo apunto de perder la vida, y aun así, había
tenido un pequeño momento para escribir una lechuza a Megan y a sus
amigos para decirles lo que sentía. Megan rezó en su cama, rezó
para volver a tener noticias de él. De su hermano. Y cuando las
tuvo, su corazón salto de alegría, ya que le contó la muestra de
amor más grande que jamás habría imaginado, ya no estaba solo.
Aquella pequeña dragona que hizo que se conociesen, que hizo que
Megan realmente viese a Marcus, había cambiado por amor, ya fuese
amor de hermana, de dragón o de mujer, lo hizo para estar con
Marcus, y Megan supo, que en ese momento, las duras escamas que
recubrían el corazón de Marcus, ya no eran de acero, eran de puro
dragón, de puro calor, puro fuego. Se habían reblandecido, pero al
mismo tiempo, se habían hecho más difíciles de atravesar para los
que querían herirle. Y cuando Megan volvió a ver a Marcus, le vio
como siempre le había visto. Humano y dragón al mismo tiempo. Le
vio como su hermano.
domingo, 10 de marzo de 2013
por qué el destino entrelaza historias 2: "el niño con el corazón de escamas"
Publicado por Niente Sawyer | en 12:31 |
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3 comentarios:
Precioso!!
Qué bellas sería la vida si los dragones hablasen. El corazón no tendría que romperse en mil pedazos.
Años después, nuevamente precioso, gracias Megan.
Marcus.
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