A las afueras de una ciudad, en una
casa no demasiado grande, pero no pequeña en exceso, correteaba una
niña de pelo oscuro y rizado, que enmarcaban la cara más bella del
barrio, coronada por unos brillantes y electrizantes ojos azules. No
vivía sola, un pequeño elfo con un zeppelin por cabeza pasaba las
horas con ella. Era una chica solitaria, no tenía hermanos y su tío
se pasaba la vida fuera de casa. Aunque no lo demostraba, se sentía
triste, realmente quería salir a jugar con el resto de los niños,
quería que su tío le hiciese algo de caso. Con el paso del tiempo,
la niña conoció a un vecino, que, muy amablemente pasaba los días
con ella, la enseñaba cosas y cuidaba de ella cuando su tío no
estaba. Con su adorado vecino, aquella oscuridad y soledad que sentía
en el corazón desapareció un poco, pero aun así, seguía sintiendo
que nadie la comprendía. Cabe destacar de la protagonista de este
pequeño cuento, que era una maga, una de las más poderosas del
lugar. La niña creció y llegó el momento más esperado por todos
los magos de su edad. Iba a entrar en la escuela más prestigiosa de
todo el lugar. El primer día, de camino allí, conoció a una chica
algo pequeñita, de pelo castaño y ojos felinos que se ofreció a
ayudarla. Sin siquiera conocerse, la chica se ofreció a gastar una
broma con ella. Lo que no sabía era que esa chica de ojos felinos,
se había acercado a ella, porque, a pesar de ver el aura de
oscuridad que emanaba la niña, había encontrado un pequeño punto
de luz en ella, un pequeño punto de luz cálido, acogedor, un
pequeño punto de luz que la chica de ojos felinos, quería hacer
crecer, quería que todo el mundo pudiese disfrutar de aquella luz
que ella veía. Pero parecía que la niña no quería dejarla salir.
Pasó el tiempo, y la niña, de nombre
Violetta, fue haciendo amigos, y poco a poco, esa luz que había
visto en ella la chica de ojos felinos, fue haciéndose más y más
grande, hasta que no solo ella la veía. Sin darse cuenta, la chica
de los ojos felinos y Violetta se habían hecho amigas, y Megan, que
así se llamaba la otra chica, supo que no quería alejarse nunca de
Violetta, ya que Megan parecía ser la única que realmente confiaba
en ella, en que ella podía ser lo que ella realmente quisiese.
Parecía ser la única que realmente estaba dispuesta a darlo todo
por ella. Porque Megan había tocado ese punto de luz que había
visto en ella el primer día que la conoció, y lo sintió calido, se
sintió protegida y sintió como Violetta necesitaba que alguien
creyese en ese punto de luz, ya que , a veces parecía que ni ella
misma lo hacia. La amistad de Megan y Violetta ha tenido altibajos,
como todas las amistades en esta vida, pero Megan sigue viendo esa
luz a día de hoy en Violetta, y aunque a veces intente comprenderla,
sabe que nunca podrá, pero ella sigue intentándolo, sigue queriendo
que los demás la vean como ella la ve, es consciente de que no puede
protegerla, que es ella la que ofrece protección, pero Megan no
quiere protegerla de cosas físicas, quiere protegerla de todo mal
que pueda apagar esa luz. Porque esa luz, es lo que realmente hace
que todos a su al rededor la adoren.
Megan Nicole Nell

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